Hukou China, permiso de residencia Publicado el . Última actualización el

Hukou

Las claves del Hukou, el persmiso de residencia. En el último cuarto de siglo unos 300 millones de campesinos se desplazaron del campo a la ciudad en China. Se estima que unos 100 millones de personas, relativamente jóvenes, aún no han encontrado ni vivienda ni empleo y deambulan por las ciudades en busca de una oportunidad laboral y de un bienestar que no les termina de llegar.

Historia Hukou

Jamás en la historia se había dado un flujo migratorio de semejantes dimensiones en tan corto plazo de tiempo. Para paliar los problemas sociales causados por la discriminación entre los ciudadanos urbanos registrados y los nuevos residentes no inscritos, el Tercer Pleno ha apostado por la reforma del actual sistema de empadronamiento, conocido como la “Normativa hukou”. Esta revisión, largamente anhelada por los sin papeles, va acompañada además de una fuerte promoción urbanística por parte del Gobierno de Beijing, que desea concentrar en los próximos 25 años en zonas urbanas a otros 300 millones de ciudadanos chinos provenientes del ámbito rural.

Si este fenómeno migratorio llega a producirse, en cuestión de cinco décadas, unos 600 millones de personas habrán cambiado de residencia, desplazándose en su gran mayoría del interior a la costa.

Actualmente, la mitad de la población china vive en medio rural. Mas, con la creación de modernos espacios urbanos – asociados fundamentalmente al sector servicios-, a largo plazo la correlación entre las poblaciones urbanas y campesinas en China se asemejaría a la media mundial, pues se estima que para los años 2030 y 2050, el 60% y el 75% respectivamente de la población del mundo vivirá en ciudades. Seguramente, hacia mediados de este siglo, la cuarta parte de la población del país residiría en sus vastas zonas rurales del interior. Todavía el sector agrícola estaría sobredimensionado, si lo comparamos con la correspondiente población asentada en medio rural en los países industrializados.

Para hacernos una idea sobre el futuro de las metrópolis chinas es preciso apreciar la magnitud de este movimiento demográfico, que plantea el traslado de casi dos veces la población de los EE.UU. o de seis veces la de Filipinas dentro del territorio de la República Popular. Solamente en los próximos seis años el Gobierno chino va a promover el traslado de unos 90 millones de habitantes del medio rural a nuevos asentamientos urbanos, probablemente creando modernas barriadas y nuevas urbes, principalmente en la franja costera del Imperio Celeste.

La intención de Beijing es evitar la expansión de las actuales megalópolis, objetivo siempre difícil de conseguir. De momento, están diseñando ciudades inteligentes, aptas para enfrentarse a sus desafíos energéticos, medioambientales, culturales y sociales, con la idea de combatir la pobreza y la exclusión y de reducir los consumos de materias primas y niveles de polución urbana.

Aparte de los fondos privados necesarios para afrontar este inmenso boom del mercado de la vivienda, el Estado, las regiones y municipalidades deberán aportar una ingente cantidad de recursos financieros públicos para otorgar a estos nuevos espacios urbanos  dotaciones sociales, sean escuelas, hospitales, instalaciones deportivas, líneas de autobús o de metro. ¿De dónde provendrán las fuentes de financiación de este inmenso proyecto?

Hukou y el boom inmobiliario

Por falta de recursos financieros, el gran desafío inmobiliario, asociado al desarrollo urbanístico a escala nacional, puede muy bien verse limitado a la construcción de horribles barriadas y ciudades, sin carácter alguno, en donde se alineen millones de grandes edificios construidos sobre espacios relativamente cercanos, con los típicos problemas de hacinamiento, instalaciones inadecuadas y falta de servicios sociales esenciales. La explosión urbanística, mal concebida, gestionada y controlada, suele acabar dando lugar a una interminable violencia urbana, como ocurre en gran parte de los llamados barrios bidón a las afueras de las ciudades europeas o en las favelas y rachintos sudamericanos.

Más allá de los problemas sociales, técnicos y financieros asociados a la construcción simultánea de miles de barrios y municipalidades, nos encontramos ante el gran enigma sobre cómo será la vida cotidiana de esos ciudadanos pertenecientes a la próxima generación, quienes, hacia 2050, pertenecerán a una nación que dominará el mundo.

En la vida del mañana, de esas, supongamos, cientos de nuevas ciudades chinas de un millón de habitantes por construir, puede que nos encontremos con bellos rascacielos y bicicletas, parques y zonas agrícolas, espacios conectados digitalmente, escasa contaminación… pero habrá que tener cuidado para que la utopía del esperado progreso urbano chino no se convierta en una seria pérdida de la privacidad y de la libertad de los ciudadanos.

El Partido Comunista de China trabaja en dar sentido a estas ciudades futuras, apoyándose en la revolución digital, minimizando los problemas medioambientales, pensando en innovaciones a introducir en el trabajo, en el descanso y en el tiempo de ocio de sus habitantes. Los arquitectos y urbanistas han de tener muy en cuenta los gustos, así como las tendencias culturales entre la población joven actual.

La administración del Imperio del Centro tal vez intente evitar la aparición de guetos de ricos y pobres. Comparando los ideales urbanísticos con la realidad, debemos admitir que rara es la ciudad que no muestra espacialmente sus discriminaciones sociales…

Por último, si hacemos una comparación entre el crecimiento urbanístico español y el chino, podemos percibir una gran similitud. El nuestro tuvo lugar durante los años 60 del pasado siglo, cuando la población del interior se desplazó fundamentalmente hacia la costa levantina y a la capital de España. Durante varias décadas, el sector de la construcción experimentó un fuerte crecimiento, acompañado de una falta de definición en las normativas, casos de fraude, abusos laborales y corrupciones de diverso tipo.

La política del ladrillo, impulsada por políticos de todos los pelajes y niveles, banqueros con pocos escrúpulos y constructores de baja formación académica, supuso un crecimiento incontrolado de viviendas, edificios públicos, oficinas y urbanizaciones. Muchas construcciones fueron levantadas con escaso respeto a las insuficientes normas medioambientales vigentes o a los criterios de edificabilidad. Mediante nefastos acuerdos municipales se reclasificaron los usos de los suelos y en bastantes ocasiones no se respetó la Ley de Costas, con el consiguiente impacto visual, acústico y de hacinamiento sobre nuestro litoral, actualmente repleto de viviendas vacías de calidad dudosa.

Con el inicio de la crisis financiera de 2007 el boom inmobiliario español llegó a su fin, con lo que entró en barrena el sector de la construcción y se hundieron varias instituciones financieras a causa de la morosidad de los constructores y propietarios de las viviendas, y se abarrotaron los juzgados de litigios asociados a fraudes y a los desahucios de viviendas.

Harían muy bien las autoridades chinas en interesarse por analizar la experiencia española para evitar el riesgo que supone dejar en manos de los municipios y regiones el poder de decisión sobre las directrices a seguir para una buena gestión del sector de la construcción. Un buen Gobierno debe velar por el interés general de sus ciudadanos, así como ser austero e incorruptible en el desempeño de sus funciones.

Por: Cristian Careaga para Global Asia Magazine

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