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Entre el aburrimiento y la excelencia: reflexiones sobre la traducción administrativa en China

Víctor Manuel Benito

Posiblemente una de las facetas que menos atractivo despierta en los profesionales de la traducción es la de los textos denominados “administrativos” u “oficiales”, entendiéndose por tales la correspondencia o documentación entre organismos (o entre éstos y los individuos) con el fin de relacionarse formalmente y dejar constancia escrita de los vaivenes de su negocio común. Considerados “aburridos”, “mecánicos” y carentes de todo atractivo por muchos traductores e intérpretes, son precisamente estos documentos los que actúan a guisa de embajadores de las organizaciones que los emiten, dejando entrever la seriedad con que éstas se plantean su relación con el resto de organismos y pudiendo tener, en el caso de documentos mal redactados, consecuencias imprevisibles para el desarrollo de las relaciones entre las partes.

En un momento en el que el mundo entero parece afanarse por incrementar sus contactos con China, parece obvio que el cuidado de los textos que se redacten en dicho idioma y se dirijan a las contrapartes de este país deben ser lo más precisos y correctos que sea posible. Es responsabilidad de cada entidad facilitar esta labor a sus traductores (chinos o extranjeros, en plantilla u ocasionales) así como interesarse por su trabajo, que es parte esencial del desarrollo de la actividad corporativa en el extranjero.

A continuación presentaremos algunas reflexiones sobre el trabajo de la traducción e la interpretación basadas en la práctica de la traducción regular de documentos diplomáticos al chino y con el único fin de hacer que el lector occidental aumente su comprensión acerca de lo que significa traducir al chino textos administrativos.Una tendencia errónea es la de pensar que la traducción administrativa es un puro proceso mecánico en el que se puede trasladar, con un paralelismo de palabra a palabra y de frase a frase, el contenido de un documento de una lengua a otra.

Al fin y al cabo, no sucede como en el caso de los textos literarios, donde el proceso de traducción puede requerir del traductor un enorme ejercicio de interpretación para verter metáforas, giros lingüísticos e imágenes poéticas de mayor o menor floritura a otro idioma y a otra cultura para los que no fueron pensados originalmente. Esta situación se da escasas veces en la traducción de textos administrativos; con la única excepción de palabras para brindis, dedicatorias, discursos y similares, con los cuales sus autores se esfuerzan en ocasiones por demostrar unas discutibles dotes líricas, el traductor administrativo por lo general no necesita de la nota a pie de página para aclarar posibles connotaciones no evidentes en su texto.

Se diría que las comunicaciones oficiales, las cartas comerciales, los convenios y demás familia de documentos fueran intrínsecamente iguales en todos los idiomas y solamente cambiaran las palabras con las que se redactan. ¿Qué espacio queda para la creatividad del traductor? ¿No podría substituirse éste por una máquina bien entrenada? No se trata tanto de creatividad como de sistematicidad.

En el caso del chino, una aproximación simplista no parece la más adecuada. Al igual que ocurre con cualquier otra lengua, no se han redactado los documentos de la misma manera a lo largo de la historia. Ni tan siquiera son completamente uniformes los documentos administrativos realizados en las varias comunidades sino-hablantes, pudiendo distinguirse al menos tres grandes bloques que serían los correspondientes a la China continental, Hong Kong y Taiwán (China), cada uno con sus particularidades. Además, el chino siempre ha marcado muy claramente las diferencias entre lengua hablada (báihuà wén) y lengua escrita (wényán wén) de tal forma que a la hora de redactar en chino es necesario ser consciente de las diferencias entre los diferentes registros lingüísticos, de los giros, de las frases hechas y de su adecuación o no a la solemnidad y precisión que requiere la documentación administrativa.

Al igual que en la traducción literaria, el texto resultante ha de parecerle al receptor tan cercano como si hubiera sido redactado en su propia lengua, de manera que no se entorpezca innecesariamente la comprensión del mismo debido a una mala selección de las palabras. Para dar una correcta imagen corporativa así como para asegurar la correcta comprensión de los documentos emitidos es fundamental salvaguardar sistemáticamente la consistencia entre los textos, al menos a tres niveles: gramatical, léxico y tipográfico.

El caso de la consistencia gramatical parece claro. El traductor debe procurar emplear un mismo estilo en la redacción así como las estructuras y expresiones más apropiadas en cada caso. Por ejemplo, una frase del estilo de “Aprovecho la ocasión para reiterarle las seguridades de mi más distinguida consideración” puede dirimirse con un austero “shun zhi zui chonggao de jingyi”, pero debería hacerse así en todos los documentos similares, o tener un criterio de cuándo va a emplearse una fórmula diferente.

La consistencia léxica viene dada por los problemas que puede plantear la enorme riqueza del acervo terminológico del chino, con sus sutilezas y matices propios. Por poner un ejemplo: la palabra “ministro” en chino puede traducirse como “buzhang” (en el caso del ministro de una república) o como “dachen” (en el caso de una monarquía). Es fundamental la traducción coherente de cargos, nombres propios de personas, lugares, organismos, acuerdos internacionales, etc., intentando usar siempre las mismas traducciones para los mismos vocablos originales, además de que éstas sean las más precisas. Esto es, la coherencia entre las traducciones de un mismo término que pueden aparecer a lo largo de varios documentos separados en el tiempo.

El traductor literario quizá solamente una vez en la vida se encuentre con una frase del estilo de: “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos”. Pero quien traduce regularmente documentación administrativa se topa decenas, cientos o miles de veces (si su longevidad laboral y su paciencia se lo permiten) con textos muy similares entre sí en los que simplemente varían sus protagonistas o pequeños detalles situacionales: “Este organismo tal saluda atentamente al organismo cual y se complace en remitir su comunicación oficial número equis acerca del asunto tal y cual”.

La inventiva hermenéutica ha de dar paso a la coherencia sagaz. Y es que las correlaciones en la lengua china de esos nombres de personas, de empresas, de lugares, etc., ya han sido en la mayoría de los casos acuñados hace tiempo por traducciones precedentes y la tarea es dar con su traducción exacta… o al menos con una de ellas: el bueno de “Don Quijote” cuenta con al menos tres transliteraciones más o menos aceptadas de su nombre. El traductor de textos administrativos ha de tener unas excelentes dotes de documentalista para hallar la traducción más comúnmente aceptada, las más de las veces a través de Internet. Las memorias de traducción y los buscadores de Internet parecen haber ocupado el puesto de honor de las herramientas del traductor.

Por último, la consistencia tipográfica obliga a que, por más que pueda parecer baladí, las traducciones de los documentos al chino (como en cualquier idioma) hayan de mantener un mismo formato, tanto en lo que respecta al uso de los tipos y tamaños de letra apropiados como al de otros elementos gráficos así como su disposición en la página. No se debe olvidar que, para la cultura china, una imagen vale más que mil palabras y ciertamente daña la reputación profesional de cualquier entidad la emisión de documentos descabalados o descuidados estéticamente. Muy especialmente aquellos que obligan al lector a emplear una lupa para poder desentrañar su contenido. A pesar de no ser el campo de la traducción administrativa una especialidad con la cual el traductor pueda demostrar toda su brillantez, no es tampoco tarea en la que tenga cabida la mediocridad ni que pueda realizarse exitosamente sin prestar especial atención a los detalles, a la redacción cuidada y al término preciso.

Como hemos dicho al principio, en este momento actual en el que se vive un ahondamiento en las relaciones entre China y el resto del mundo, sin precedentes en la era moderna, la función del traductor de documentación administrativa cobra al mismo tiempo cada vez mayor relevancia. Merece la pena que tanto los traductores como las entidades para las que trabajan reflexionen y se tomen en serio esta importante labor que, sin duda alguna, puede facilitar enormemente las relaciones bilaterales cuando se llevan a cabo de forma profesional y satisfactoria.

 

 

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