Confucianismo Publicado el . Última actualización el

Influencia del confucianismo en los negocios en China

El Confucianismo fue la doctrina oficial de China durante 2000 años, desde la dinastía Han (202 a.C.-220) hasta la caída de la dinastía Qing en 1911. Sin duda si existe una figura que eclipsa las características de la Cultura China y la Religión y Filosofía China es Confucio, y el confucianismo. Las enseñanzas de Confucio están profundamente ligadas al sistema político imperial unificado y autosuficiente chino en contraste con la experiencia histórica europea marcada por la existencia de numerosos estados en disputa permanente.

Confucianismo y negocios

Mientras el Confucianismo es la doctrina oficial y aspira a legitimar el sistema y asegurar la estabilidad del estado, el pensamiento occidental es dialéctico, busca superarse constantemente, de modo que muchos de los grandes pensadores occidentales como Sócrates, Galileo, Copérnico, Freud, Marx, etc. se manifiestan frecuentemente frente al orden establecido. Por esa misma razón en China no se dan las disputas religiosas o ideológicas que caracterizan la historia de Europa pero tampoco genera la innovación que se da en Europa a partir del Renacimiento en términos políticos, artísticos, científicos y técnicos.

La sociedad occidental es una cultura básicamente escrita, sin embargo, Confucio (551-479 a.C.) dice literalmente que el motivo por el que no había orden en el mundo desde que la dinastía Zhou perdió el poder en el año 722 a. C. era porque no se hacían los ritos correctamente. Los ritos son la clave y el vehículo de expresión del orden de la sociedad china, y los individuos la conocen, aprenden e interiorizan a través de ellos. Para los funcionarios o letrados chinos paradójicamente las Letras no eran la representación primaria del cosmos sino que quedaban subordinadas y sometidas a la  rigidez del rito.

Y el canon de la escritura china es la obra de Confucio de modo que los funcionarios, que pasaban arduas pruebas para obtener el cargo, tenían que demostrar su conocimiento del canon entendido como la expresión formal y precisa del cosmos, la posición de cada uno y de cada cosa, en lugar de ser medio de comunicación de nuevas experiencias o propuestas.

Por otro lado, mientras que ya la polis griega ofrece un servicio público de tribunales y establece el jurado popular, lo que llevó a una gran proliferación de denuncias y juicios, tal como ridiculiza Aristófanes en su comedia Las Avispas, el estado chino antiguo no asumía entre sus cometidos mediar sobre los acuerdos privados, de modo que surgieron en China los “caballeros andantes”, (Youxia), que ofrecían defensa o venganza a aquellos agraviados que no contaban con la ayuda y protección de familiares, caso de viudas, huérfanos, etc. Y, en épocas posteriores, elevar quejas o denuncias ante las autoridades estaba mediado por el servicio de los funcionarios Letrados que se ocupaban de la redacción del caso y aprovechaban para cobrar caro y paliar el enorme endeudamiento que solían asumir sus familias hasta que aprobaban las oposiciones y obtenían el puesto.

Todas estas razones vienen a explicarnos por qué los contratos o compromisos escritos no tienen el mismo peso entre los occidentales y los chinos. Y, por ese mismo motivo, los chinos tienden a cooperar o hacer negocios con sus familias, en cuyo ámbito obtienen la garantía necesaria para llevar los acuerdos a buen término o proceder con intercambios en lugar de depender del Estado y de recurrir a instancias judiciales en caso de conflicto, algo que no es inusual en los negocios. Las redes familiares chinas funcionan como circuitos por los que circula el capital para, por ejemplo, financiar los estudios en el extranjero a los jóvenes con talento o inversiones de parientes que encuentren oportunidades, etc.

El mismo Confucio mantenía que el bienestar de China era el bienestar de las 100 familias, y el Confucianismo está más arraigado entre los chinos de ultramar que entre los continentales donde sufrió el fiero rechazo y acoso del régimen maoísta, uno de cuyos objetivos expresos era trasvasar la tradicional lealtad familiar al Estado.

Para el Confucianismo la relación jerárquica es omnipresente y sirve para ordenar el mundo. Pero, en términos generales, el papel superior corresponderá formalmente a la autoridad política, algo que debe ser entendido en su justa medida por los negocios occidentales, especialmente cuando es una característica propia también del comunismo. Obviar este hecho y dirigirse directamente a los ciudadanos chinos en campañas de marketing semejantes a las de Occidente sin reparar en la decisiva influencia gubernamental puede tener graves consecuencias tal como les ha sucedido a algunas importantes empresas occidentales, de las que son ejemplo los grandes fabricantes de automóviles que entraron en China en los 90.

No sólo en China sino también en Corea y en Japón el sentido jerárquico es determinante. Toda relación jerárquica tiende a la deferencia y el respeto por la figura preferente, pero no sólo ésta figura es importante; podríamos decir que, si se reúnen cinco personas, cada uno debe tener un número de uno a cinco en su estatus jerárquico en relación con los demás. Conviene identificar estas posiciones para no cometer torpezas a la hora de hacer negocios en Oriente.

Armonía y reciprocidad

El objetivo de estabilidad y armonía confuciana pervive en las relaciones entre los chinos de modo que, aun orientados a un objetivo al igual que los occidentales, tienden a observar ciertos procedimientos y reglas de etiqueta que podrían parecer innecesarios a los occidentales. Igualmente los chinos dan gran importancia al grupo al que están vinculados, y los asuntos suelen ser tratados de manera deliberativa y, aunque los mayores tienen gran influencia, las decisiones se toman colectivamente y se alcanzan por consenso. Los occidentales no deben sorprenderse si su contraparte solicita tiempo para discutir un asunto internamente antes de dar una respuesta.

Esa misma necesidad de armonía y de consenso les lleva a asumir una posición indirecta en sus negociaciones, lo que se aprecia claramente en que, cuando hablan por ejemplo en español o en inglés, tienden a utilizar el condicional sistemáticamente en lugar del presente de indicativo en todo lo que refiere a sus deseos, propósitos, interpretaciones…. También les cuesta decir “no”, para evitar cualquier situación embarazosa que la contradicción pudiera generar causando a otros vergüenza o sensación de rechazo. En el reverso de éste fenómeno está la importancia que dan a no perder “la cara”, algo que podría suceder en caso de que el occidental se manifieste demasiado directamente.

Otro principio confuciano es el llamado principio de reciprocidad, o Regla de Oro, que se pone en la expresión “trata al otro como quieres que te traten a ti”, el cual, si bien es el simple principio de humanidad, se afirma que tiene su influencia también en el mundo de los negocios en relación con los guanxi o conexiones profesionales que se estima son de crucial importancia para lograr objetivos en China. El beneficio ha de obtenerse de la ayuda de aquellos a los que previamente se ha favorecido. De aquí también el hábito de intercambiar regalos y tener detalles constantes con aquellos con los que se mantienen relaciones profesionales.

Aun sin tener en cuenta la ideología antiimperialista maoísta, la doctrina confuciana de la armonía generada por el Hijo del Cielo en el mundo deja desubicado al extranjero y esto pude crear ciertos prejuicios en su contra, algo que ciertamente no es exclusivo de China. Sin embargo, el entendimiento de esos prejuicios y sus expresiones no los podemos encontrar en el Confucianismo que es una doctrina “armónica” y “benevolente”, y tendríamos que referirnos a otras influyentes escuelas de pensamiento también asumidas y presentes en la pragmática y racional mentalidad china. Pero esas otras escuelas no son públicas a diferencia del Confucianismo que precisamente se caracteriza por ser esa su principal característica.

La ideología confuciana se desvaneció aceleradamente cuando China entró en contacto con Occidente en el siglo XIX; los intelectuales chinos comprendieron que el escenario real del mundo (literalmente Todo bajo el Cielo o, el Estado Central)  no era ni podía ser como pensaba Confucio a imagen de las dinastías antiguas que unificaban el mundo bajo el Hijo del Cielo. La realidad del mundo es semejante y sin remedio a la época en que de hecho vivió Confucio o a la que ha experimentado Occidente: un número independiente de estados en permanente disputa y cada uno con sus propios designios. De modo que, en consecuencia, el Confucianismo fue sustituido en el siglo XX en China por una ideología nacionalista.

El marxismo fascinó a muchos intelectuales chinos al describir con precisión el fatídico destino de las dinastías según un proceso económico bien identificado por los mismos escolares confucianos ya desde la dinastía Han hace 2000 años. Tal proceso es éste: unificación del Imperio, paz, concentración de la riqueza y del suelo, marginación creciente de grandes masas de campesinos que pierden su tierra y pasan a ser asalariados en cada vez peores condiciones, rebelión campesina, caos y disolución del Imperio para volver a empezar con otra dinastía.

Sin embargo, cuando el Comunismo triunfante en 1949 pretende actuar normativamente y transformar la sociedad, vía Gran Salto Adelante o Revolución Cultural, fracasa estrepitosamente, al menos en el crucial aspecto económico. Otra cosa es que, a semejanza con el Primer Emperador Qin Shi Huang, el unificador de China, Mao Zedong consiguiera de nuevo un estado articulado, condición necesaria para poder aplicar las exitosas políticas económicas actuales.

Los líderes chinos, desde Deng Xiaoping hasta el presente, tienen muy en cuenta esas experiencias del caos tanto recientes como antiguas y su prioridad es la estabilidad que les permita mantener el crecimiento económico actual. Posiblemente esa disposición explique el reciente apoyo institucional a la recuperación del Confucianismo en la República Popular, como lo manifiesta la apertura de los Institutos Confucio, que en el ámbito interno podría aportar argumentos que aplaquen y justifiquen en aras de la estabilidad las crecientes desigualdades.

Manuel Herranz

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