Sunzi y El arte de la guerra Publicado el . Última actualización el

Sunzi y El arte de la guerra

El arte de la guerra es un tratado de estrategia militar que se escribió en China al final del período de Primaveras y Otoños (s. VIII-V a.C.), pero cuando realmente se popularizó fue durante el periodo de los Reinos Combatientes (V-III a.C.) cuando siete estados estaban luchando entre ellos para establecer el control sobre los otros. Aunque los historiadores y académicos difieren en distintas tesis, en general la obra se atribuye a Sunzi, un estratega militar que a principios del s. VI a.C. estaba bajo las órdenes del gobernador del estado Wu y parece ser que se inspiró en sus victorias para escribir el tratado. El arte de la guerra nos ayuda a entender la Religión y Filosofía en China así como la Cultura China.

El hecho de que El arte de la guerra, hoy en día sea un texto archiconocido en occidente quizás se deba a su terminología casi metafísica ya que en lugar de describir la guerra real, la intelectualiza y hace de ella un juego de estrategia, es por eso que el conocimiento que se comparte en el tratado se puede aplicar a muchos ámbitos que no son solo el militar, como la economía y los negocios, la política, los deportes,…

La premisa principal del texto es que el mejor adversario es el que vence sin luchar con el otro, sin llegar al combate, de hecho, el tratado es más bien un arte de la no-guerra, ya que no se trata de vencer al adversario sino de dominarlo. Ésta premisa esta basada en un principio económico, Sunzi calcula que el coste económico de una guerra para ambos bandos es muy elevado; después de una guerra el que gane desgastará su país y a la vez se encontrara con un país vencido y arrasado; esto supone también obtener menos botín, por eso se debe evitar la guerra a toda costa. El tratado en ningún momento tiene pretensiones pacifistas, sino económicas.

El arte de la guerra, un manual estratégico

Para evitar la guerra es necesario debilitar al rival antes de la batalla, si el potencial de ambos países no es equilibrado, ya no se cumple el requisito básico para que haya guerra, ya que si hay un equilibrio insalvable o bien la guerra terminará muy rápidamente o bien el país más débil se retirará antes de que se de lugar al combate, es por eso que se debe inducir al adversario a una situación de desigualdad; para conseguirlo los puntos clave a debilitar son la economía y el ejército y la mejor manera el engaño y uso del espionaje. Con el espionaje no sólo se consigue información sobre el enemigo, sino que también se le puede inducir a errores, hacerle malgastar recursos innecesariamente, etc. una manera elegante de debilitar al adversario es inducir agotamiento moral y de recursos:

“La guerra es el arte de engañar. Así, si eres capaz, finge incapacidad; si estás preparado para entrar en combate, finge no estarlo; si te encuentras cerca, finge estar lejos; si te encuentras lejos, finge estar cerca. Si el enemigo es ávido en ganancias, sedúcelo. Si está confuso, atrápalo. Si es consistente, prepárate. Si es poderoso, evítalo. Si es colérico, provócalo. Si es humilde, hazlo arrogante. Si está quieto, oblígalo a actuar. Si está unido, divídelo. Atácalo cuando no esté preparado, lánzate sobre él cuando no se lo espere. Estas fórmulas propician la victoria a los estrategas, per no pueden decidirse de antemano” (versión de Albert Galvany)

Basándose en la misma concepción cíclica del pensamiento chino con la que se basaba Lao Tse al afirmar que todo lo que llega a su culminación debe después seguir un proceso de declive; según fuentes históricas (los Anales) hubo algunos gobernantes que llegaron a pasar a sus mejores generales al bando contrario, haciendo que el enemigo iniciara otras campañas militares que aunque fueran victorias beneficiosa al principio, sólo fueran victorias parciales que acabaran arrastrando al agotamiento moral y acabaran colapsando al rival; consiguiendo hacer llegar al adversario a su punto de máximo esplendor antes de enfrentarse con él y así según esta concepción cíclica su rival sólo podría hundirse.

Según El arte de la guerra para evitar la guerra se requieren conocimiento e información; siempre que se utilicen con capacidad de adaptación. Saber adaptarse al adversario es un factor de extrema necesidad, pero también es muy importante que el enemigo no sea capaz de adaptarse a uno, por eso, Sunzi utiliza la metáfora del agua (que también utilizaba Lao Tse aunque con un significado un poco distinto), el agua tiene capacidad de adaptación a todo la que la rodea y eso es porqué no tiene características permanentes, esta en constante metamorfosis. El ejército perfecto es el que se manifiesta como el agua; no tiene una disposición permanente, ni forma y es por eso que se adapta perfectamente al adversario; es igual que el dao, indefinido e imperceptible, imposible de describir.

El arte de la guerra

Para poder adaptarse al rival, es necesario tener información sobre sus condiciones y se debe evitar que el conozca las de uno, es por eso que el engaño es fundamental, los valores tradicionales de lealtad y honestidad no aparecen en el tratado, no son útiles para ganar la guerra.

“¿Quién cuenta con el soberano que posee la virtud? ¿Quién con el general más capaz? ¿Quién con las condiciones climáticas y topográficas más favorables? ¿Quién con la mayor disciplina y obediencia? ¿Quién con el ejército más poderoso? ¿Quién con los soldados mejor preparados? ¿Quién con el mejor sistema de castigos y recompensa?” (versión de Albert Galvany)

La decisión final en el combate depende del conocimiento de la situación del otro y la de uno mismo y su eficacia depende de la capacidad de adaptación del estratega a la situación concreta, no existen fórmulas validas para siempre, no hay nada permanente en la guerra, una cosa que puede resultar eficaz en una situación puede no resultarlo el día siguiente, la guerra es un proceso dinámico que requiere adaptación, el valor más alto en el arte de la guerra.

Igual que en el taoísmo se usan las cualidades de no-ser (wu), ausencia, invisibilidad, vacío, aparentar lo que uno no es para engañar al enemigo. La guerra se convierte en un juego intelectual, en un enfrentamiento entre dos mentes; lo que distingue al buen estratega es que comprende las reglas y principios de la guerra, el hecho de intelectualizar la guerra hace que la responsabilidad directa de vencer o no el combate y por extensión del destino de todo el país recaiga en él y debe saber como explotar al máximo los recursos materiales, ordenar los soldados y sacar rendimiento de las cualidades de sus hombres escogiendo una estrategia adecuada en cada momento.

Para ganar un combate es necesario que el ejército responda con absoluta precisión a las órdenes del comandante y que a su vez sea un todo sólido y compacto, que los soldados tengan un sentimiento de solidaridad entre ellos; la armonía del conjunto debe ser la base. Para poder controlar a un ejército y conseguir obediencia absoluta en el campo de batalla; igual que para dominar a un estado, Sunzi, como los legistas, se basa en un principio: la naturaleza del hombre.

A nivel moral, Sunzi dice que los humanos no son ni buenos ni malos; simplemente naturales, están sometidos a la ley natural y a sus pasiones, es por eso que siguen lo que les es beneficioso y huyen de lo dañino. Estableciendo un sistema de castigos y recompensas que entienda el mecanismo de funcionamiento del hombre, se consigue que los soldados o súbditos (en el caso de gobernar un estado) interioricen un sistema de comportamiento sin ser conscientes de ello y así, el general o político puede manipularlos.

Según El arte de la guerra el instinto de supervivencia es el máximo aliado de un general ya que se puede utilizar como coacción directa (amenazarlos si no cumplen las ordenes) y a su vez, si se tiene en cuenta en el campo de batalla se puede utilizar como incentivo, ya que si se coloca a los soldados en un callejón sin salida donde su única opción sea derribar al adversario darán el máximo de si mismos. Así pues se consigue desproveer de humanidad a los soldados y se los convierte en instrumentos.

Sunzi y El arte de la guerra

Todas las corrientes del pensamiento chino afirman los peligros de la guerra y son conscientes de la importancia que tiene para el estado ya que de ella depende la supervivencia o destrucción de éste, pero aun así, aunque parezca paradójico también reconocen la necesidad de la guerra para mantener la paz y orden social, siendo a veces útil para eliminar todos los desordenes (tan internos como externos) del país.

Sunzi en su tratado se basa en la racionalización de la guerra y a la vez deja claro que las motivaciones que conllevan a ella deben ser racionales, basadas en cálculos y beneficios y no en resentimientos. Aunque se pretende evitar el enfrentamiento en caso de que se llegue a la batalla siempre se busca la economía en la maniobra militar, maximizando la eficacia del movimiento y reduciendo el tiempo y coste enérgico. No se busca una actitud heroica sino una victoria fácil, para eso es necesario articular un ataque según las nociones de “vacío” (dónde el enemigo tiene su punto débil) versus “consistente”. El arte de la guerra se declina más al ataque defensivo que al ofensivo ya que las estrategias defensivas siempre refuerzan un punto dejando otro débil y exponiéndolo al enemigo.

La estrategia militar del tratado comparte con el taoísmo la voluntad de hacer gestos naturales, deben aprovecharse los puntos débiles del enemigo y moverse a través de ellos, ejecutar las estrategias de manera eficaz y espontánea, con gran adaptación y transformación en función de la situación, para obtener así la máxima eficacia en el arte de la guerra.

“Las disposiciones militares son como el agua: de la misma manera que la disposición del agua evita lo alto y se precipita hacia abajo, la disposición del ejército evita lo consistente y ataca lo hueco. Y del mismo modo que ésta adapta su forma al terreno, el ejército adapta su estrategia de victoria al enemigo. En efecto, así como el agua carece de una forma permanente, en la guerra tampoco hay un potencial estratégico permanente. Aquel capaz de obtener la victoria adaptándose a las variaciones y transformaciones del adversario es designado <<inescrutable>>” (versión de Albert Galvany)

Núria Serra

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