Daodejing Publicado el . Última actualización el

Somera elucubración acerca del significado ontológico del Daodejing

Según una estimación generalmente aceptada, Laozi nació alrededor del 600 antes de nuestra era, o sea, vivió aproximadamente en la misma época que el griego Tales. El trabajo de Laozi (Daodejing) nos ayuda a entender la Religión y Filosofía en China así como la Cultura China. En torno a la paternidad de la única obra que legó y que se conoce en el Occidente como Daodejing (Tao Te King), transcripción fonética del título originario, existieron igualmente discrepancias, pues no faltaron quienes la atribuían a autores mucho posteriores.

Daodejing

Pero este criterio ha sido desechado ya por la mayoría de los investigadores con argumentos bastante convincentes. De modo que no habrá ningún inconveniente para que escarbemos, con toda tranquilidad de conciencia, el meollo de la filosofía de Laozi, apoyándonos en el libro titulado Daodejing.

Las polémicas que suscita el libro siempre han sido múltiples y extremadamente divergentes. Muchos sostienen que se trata de una obra de estrategia, otros afirman que el autor no se propone más que dar a los soberanos consejos sobre los tejemanejes políticos con inequívoca tendencia maquiavélica. También hay quienes hacen notar las especulaciones notoriamente ontológicas que brillan por su ausencia precisamente en la filosofía oficial y ortodoxa en China.

Hay que admitir que no resulta nada escandalosa ni extraña la discrepancia de apreciaciones cuando el problema central es el Daodejing. Es un libro escrito en verso, no exento de elegancia de estilo, con profusiones de metáforas ingeniosas y sugestivas, pero justo por todo eso ofrece imprecisiones y ambigüedades que muy a menudo pueden parecer enigmas indescifrables, con el agravante derivado de la elasticidad y borrosidad características de la lengua china, y especialmente la clásica.

Bueno, ya basta de divagaciones introductorias. Voy a exponer lo que yo he sacado en limpio en lo que se refiere a Daodejing y su autor.

Daodejing

En chino moderno, el título induce a pensar en algo así como “Libro canónigo de la moral”. Pero en la época de Laozi, “dao” y “de” eran dos palabras diferentes. “Dao”, en sentido recto, quiere decir “camino”, y de ahí una serie de derivaciones figuradas: conducto, norma, razón, y en la esfera metafísica, materia primordial, etc. “de”, en un primer momento, significó rectitud, palabra de la que se deducen metafóricamente: conveniencia, virtud, moral, etc., que para Laozi no es sino la concreción socio-ética y socio-política del “dao” metafísico.

Como la palabra “dao” se repite a cada momento en el libro y su carácter polisémico está casi exhaustivamente explotado, no me parece mala idea partir de una investigación de cierto matiz lingüístico, que a lo mejor nos arrojará alguna luz sobre la filosofía de Laozi.

En resumidas cuentas, la palabra está empleada por lo menos, en las siguientes acepciones:

1. Que denota “materia primigenia” o “principio primordial”. Como es sabido, el Daodejing comienza con la famosa proposición:

“El dao, una vez definido verbalmente, deja de ser el dao imperecedero.”. Obviamente, aquí el autor remite la palabra a una noción metafísica, fuera de nuestro alcance perceptivo. Pues, cualquier concepto, anquilosado en una cáscara lingüística, ha de verse limitado de extensión, pero el “dao” es un ente infinito tanto en el espacio como en el tiempo.

Luego, en otros apartados reitera más expresamente el carácter extrasensorial del “dao”. Dice: “Si lo miras, no lo ves…; si lo escuchas, no lo oyes …; si tratas de agarrarlo, no lo prendes…”

No obstante esta inaprehensibilidad sensitiva, constituye la primordial “esencia verídica y fehaciente”, y “como el principio se diluye en el caos precedente al nacimiento del cielo y la tierra. Pero, a pesar de su silencio y amorfía, tiene una existencia absoluta y eterna que se desenvuelve en un movimiento cíclico sin cesar, dando origen a todo el universo.” Entonces, “del dao nace el uno; del uno, el dos; del dos, el tres; y del tres, la multiplicidad.”

Bueno, no voy a agotar las citas. Precisamente son estos asertos los que me han autorizado para decir que en la China antigua, Laozi era uno de los pocos filósofos que mostraban cierto interés por el problema ontológico.

2. Que alude a las leyes determinantes de los cambios observados en el mundo empírico

Como demuestra la experiencia de cualquiera, todo lo que conocemos se halla en una constante mudanza, que según Laozi, está sujeta a un “dao” omnipotente y omnipresente. Esta mutabilidad consiste en:

A) La intercambiabilidad de los contrarios. Para ilustrar la idea, Laozi ha recurrido a una multitud de metáforas, de las que elijo unas pocas que me parecen más adecuadas. Dice: “El hombre presenta la mayor fragilidad precisamente cuando nace, y la mayor dureza al morir. Lo mismo ocurre con las plantas. Vemos que la dureza constituye el síntoma de la muerte – el mayor grado de fragilidad, mientras que la fragilidad acompaña al recién nacido, previsto precisamente de una pujanza inquebrantable.”

De ahí que el filósofo deduzca la relatividad de todos los valores contrapuestos, no sólo porque pueden intercambiarse de lugar entre sí, sino también porque el significado de cada uno se determina exclusivamente debido a su interdependencia, como por ejemplo: alto y bajo, bueno y malo, largo y corto, bello y feo, etc.

B) La circularidad de los cambios. Dice el filósofo: “Es cíclico el movimiento del dao”, “Se desenvuelve en un movimiento cíclico sin cesar…. haciendo que todo lo derivado del infinito dao se aparte de él para ir cada vez más lejos hasta retornar finalmente al punto de partida”.

Con eso de “apartarse de él para ir cada vez más lejos”, Laozi quiere insinuar que el surgimiento de la multiplicidad es, en realidad, una degradación del “dao”, idea que desarrolla más claramente en el siguiente parágrafo: “Deteriorado el dao, surge la moral; deteriorada la moral, surge la benevolencia; deteriorada la benevolencia surge la justicia; deteriorada la justicia, surgen los ritos”. Es decir, el mundo de los fenómenos está tan distante del “dao” que todo lo que recibe de él se vuelve degenerado por artificioso y contranatural. De modo que la única salvación es retornar al punto de partida.

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Ahora bien, ¿qué es lo que nos ha iluminado este análisis semántico? Para mí, la conclusión es la que sigue:

Si bien Laozi se ha dedicado a especulaciones ontológicas, no parece tener intención de fundar un sistema cosmológico explicativo de la naturaleza, como lo han hecho sus colegas griegos. Será interesante compararlo con sus dos contemporáneos griegos: Tales y Anaximander.

Puede que Tales no haya sido tan metafísico como Laozi al identificar la materia primordial con el vulgar agua y no un ente tan abstracto como el “dao”, pero sí mucho más explícito y metódico en la búsqueda de la causa de los cambios de las cosas (condensación y raleamiento del agua). Anaximandro ha mostrado una mayor sutileza racional no sólo en la explicación del devenir cósmico (encuentro y separación de los contrarios), sino particularmente en la diferenciación conceptual entre el “arché” (principio que funciona) y el “ápeiron” (masa material que existe en sí). Todo eso indica que los dos se proponen encontrar una explicación para esclarecer el origen, la composición y el funcionamiento de la naturaleza, así como la causa que ha hecho posible todo eso.

En cambio, a diferencia de esa inquietud indagadora y analítica, tan característica en el espíritu griego, Laozi mostró ser un buen chino que ni siquiera en sus elucubraciones más abstractas y metafísicas, se disponía a abandonar la intuición sintética. Cree suficiente interpretar el origen y el factor unificador del universo con el “dao”, en el que se hallan involucrados e indiferenciados los conceptos de “materia primordial” y “fuerza motriz”, “ente” y “ función”, “efecto” y “causa”, “devenir” y “ley”.

Ya se sabe que el discernimiento de estos conceptos contrapuestos, y en especial el de phisys y logos (o nous) siempre ha constituido una preocupación entre los griegos. Probablemente de ahí se ha originado el desgarrador conflicto entre la carne y el alma con el advenimiento del cristianismo, fenómeno que nunca se ha dado en China.

Hemos dicho que Laozi no se propuso elaborar un sistema cosmológico interpretativo de la naturaleza. Entonces, ¿qué es lo que pretende ofrecer con sus especulaciones sobre el “dao”? Pues, igual que todos los sabios chinos, trata de sugerir soluciones socio-éticas, socio-políticas al insoslayable problema de supervivencia humana en una época sacudida por la codicia, ambición, crueldad y violencia.

Pero él no cree que la fuerza equilibradora de la sociedad haya que buscarla en el ego de cada uno, como pretende hacerlo Confucio con la llamada benevolencia, sino en algo mucho más trascendente, independiente de nuestra voluntad, y por lo tanto mucho más irresistible e insobornable. Es el “dao” el que con su perennidad e inmutabilidad pone en movimiento todo lo que hay y todo lo que está por haber. En este mundo, todo volverá a su cauce normal si el hombre, y en particular los gobernantes, se deciden a actuar siguiendo el designio del “dao”.

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