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Gu Wenda: “Mis obras siempre revelan mis genes”

En la actualidad, el Arte en China y la Cultura china tiene diferentes referentes en cada una de sus materias, sin duda, el artista chino Gu Wenda es uno ellos. Con visión global, pero siempre con las raíces bien ancladas en China, Gu Wenda ofreció una entrevista a Global Asia Magazine y a su colaborador Esteban Andueza.

Gu Wenda, entre Shanghai y Nueva York

Esteban Andueza (P): A lo largo de sus más de 30 años de carrera artística usted ha trabajado en todo tipo de formatos: pintura, instalación, performance, videoinstalación, land-art, body art… aunque siempre con la tinta y la caligrafía como nexos centrales de su discurso artístico ¿Es tan difícil para los chinos desprenderse de su tradición, aunque se encuentre uno en el otro extremo del mundo?

Gu Wenda (R): Deberíamos tener en cuenta diferentes aspectos. Mi especialización de Máster fue la pintura tradicional china pero al mismo tiempo el arte contemporáneo me despertaba gran interés.
En cuanto a la relación entre los artistas chinos y nuestra propia tradición, mi explicación es sencilla: mis obras siempre revelan mis genes, mi trasfondo familiar y mi experiencia vital de más de 30 años en China. He combinado el arte contemporáneo con el arte tradicional chino. He vivido en China 32 años, 23 de ellos en Shanghai, y 21 años ya en Nueva York. Me siento más chino, y de forma más intensa cuando estoy en el extranjero.

(P): Usted fue uno de los pioneros en China en abrazar las vanguardias y el arte conceptual que venían de fuera para revisar sus propias tradiciones y cuestionar así la posición de la civilización china ante la modernidad. ¿Cómo se vivía con ese espíritu rebelde en la China de los 80?

(R): La situación en China en los 80 era totalmente diferente a la de hoy. Por ejemplo, en la época posterior a la Gran Revolución Cultural, China era conservadora y poco desarrollada, y no existía la economía de mercado como ahora.

La presión es la fuerza motriz de un artista. En el año 1986, mi primera exposición personal fue impedida por el Gobierno chino. Eso fue un gran desafío para mí. Durante “El Movimiento del Arte 85”, me fijé más en occidente porque, en aquel entonces, introducir el arte occidental era un proceso de gran importancia para el arte contemporáneo chino.

No obstante, insistí en criticar las partes atrasadas del arte tradicional chino, usando el arte contemporáneo occidental mientras que, a su vez, criticaba el arte contemporáneo occidental usando el arte tradicional chino. Esa fue la base de mis obras de esa época.

(P): Usted en sus obras utiliza pelos, sangre, semen, placentas, etc., ¿Qué papel juegan estos materiales? ¿Cuál es el motivo por el que los usa?

(R): Creo que el principal material del arte debe ser el material humano mismo. Mis obras de los últimos 10 años tienen dos temas. El primero de ellos tiene que ver con el nuevo internacionalismo. Creo que las diferentes culturas presentan crisis de identidad y, por ejemplo, en mi obra “Naciones Unidas” uso pelos de diferentes razas. El segundo gran tema es mostrar el desarrollo del ser humano. Un ejemplo es el avance de la biotecnología la cual causará grandes cambios en la vida. Por motivos como este, y como artista, utilizo materiales del cuerpo para mis creaciones.

(P): Ser “Pionero del Nuevo Arte” ¿Es una etiqueta que se arrastra durante toda la vida y ante la que se siente uno obligado a rendir cuentas y fidelidad? ¿Resulta diferente en China y en Nueva York?

(R): Siento presión al tener que crear nuevas obras y cuestionar así la cultura actual, pero este es mi destino en la vida artística. La cultura neoyorkina y la china se combinan en mis obras de tal modo que ello me permite comprender mejor las dos. Sin la experiencia de vivir más de 30 años en China, no puedo lograr una propia opinión de la cultura estadounidense; mientras que sin salir de China, no puedo sentir tan claramente lo bueno y lo malo de la cultura china. Creo que un artista contemporáneo debe de conocer una cultura más allá de la suya materna. De lo contrario no puede apreciarse la coyuntura global.

(P): Uno de sus proyectos más monumentales, que le ha supuesto más de 12 años de trabajo, es el denominado “Bosque de estelas de piedra”. ¿Por qué esta obsesión de los chinos -también de los artistas- por la dimensión, por hacerlo todo a lo “inmenso”? ¿Cómo se gestiona tal creación?

(R): En primer lugar, ello se debe a mi carácter. He nacido en Shanghai, aunque no me gusta su cultura limitada. Me gusta la profundidad cultural y la que impresiona, porque China es un país grande con abundantes recursos. Posteriormente pasé 12 años en un país fuerte y culturalmente diverso como EE UU. Mis creaciones en estos 12 años de trabajo no solo destacan por su tamaño sino que también muestran la estructura abierta de la obra. Como la política, la economía y la cultura no cesan de cambiar, me encuentro siempre buscando nueva inspiración para mis obras.

(P): Otro de los pilares centrales de su obra ha sido el diálogo Oriente-Occidente. ¿Cuáles son las conclusiones de estas experiencias? ¿Podrán Oriente y Occidente participar y convivir en el mundo de la globalización sin conflicto de civilizaciones?

(R): El conflicto de civilizaciones es inevitable pero será más suave que un conflicto militar. En realidad, la obra “Naciones Unidas” se refiere a la utopía. Cuando hice esta obra en diferentes países me llamaban colonialista de culturas. Espero que del conflicto y la malinterpretación resulte un mejor conocimiento mutuo. Sin conflictos, no se puede llegar a un acuerdo ni se puede conseguir un ambiente idóneo de convivencia.

(P): Volvamos a su proyecto Naciones Unidas, uno de los más ambiciosos y exitosos de toda la historia del arte universal. En sus más de 10 años de andadura ha sido exhibido con sus diferentes versiones en más de 20 países. Ninguno de ellos de habla hispana. ¿Por algún motivo en especial? ¿Acaso están reñidos los caracteres chinos con la lengua de Cervantes, Neruda y García Márquez?

(R): No, no están reñidos. Ello se debe a que al principio de la creación de la obra “Naciones Unidas” necesitaba muchas oportunidades y en el año 93, resultaba complicado debido a que la obra estaba en fase embrionaria y todavía no tenía fama. El lugar de la exposición depende de tener la oportunidad. Hace muchos años, cuando Inma González Puy (actual directora del Instituto Cervantes de Pekín) se encargaba de los proyectos culturales y artísticos, le propuse la obra de las “Naciones Unidas” en versión española, pero finalmente no lo realicé por motivos económicos. Este es uno de mis sueños y espero que pueda acabarlo cuando haya oportunidad.

(P): Usted ya forma parte de la historia del arte por haber dotado de fuerza orgánica al carácter caligráfico -un elemento que para los chinos contiene una fuerte carga de identidad cultural- y por haber conseguido, además, la emancipación del trazo y de la tinta. Después de esto ¿Por dónde nos sorprenderá en el futuro la caligrafía china?

(R): Para los occidentales, la caligrafía es el elemento cultural más destacado de China. Sin embargo, en el arte contemporáneo chino, queda poca gente que prefiera ya la caligrafía, dado que ha perdido la brillantez anterior, al igual que ocurre con la Ópera de Beijing.

Creo que en el futuro la caligrafía debe combinarse con el arte contemporáneo chino con el fin de resaltar de nuevo su importancia. Las abundantes lámparas de neón en las ciudades muestran el desarrollo de la economía y la sociedad en China. Por mi parte, estoy intentando poner la caligrafía en forma de las lámparas de neón así, la obra gozará de más modernidad y será más fácil de conseguir la aceptación de las gentes de hoy.

(P): Muchos de los artistas llamados “de la diáspora”, que abandonaron China en los 90, están regresando ahora atraídos por las nuevas oportunidades que ofrece el país para la producción artística. ¿Se prevé una reinstalación definitiva de Gu Wenda en China?

(R): Vuelvo a China mensualmente. Pese a que me resulta agotador viajar tan frecuentemente entre Nueva York y Shanghai, lo cierto es que me gusta vivir de esta manera porque así siempre puedo comparar los aspectos nuevos de las dos culturas. Dado que la sociedad china anteriormente era muy conservadora, muchos artistas salieron del país en busca de aire libre para sus creaciones; ellos formaron la generación “de la diáspora”. Ahora la situación de China es totalmente diferente, los artistas van al extranjero por sus exposiciones, pero luego siempre vuelven.

Muchos artistas están regresando a China. Yo personalmente prefiero seguir la vida de esta manera, así puedo realizar mi trabajo en los dos países, sin olvidar que mi esposa es estadounidense. Sin embargo, nadie sabe qué pasará en el futuro, y ello depende en gran medida de dónde se encuentran las oportunidades.

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