Rubén Freixas García Publicado el . Última actualización el

Rubén Freixas: “Comunicándose en Japón, la barrera del “tatemae”

Rubén Freixas García, Investigador de sociología en la Sophia University (Tokio)

Uno de los principales retos que afronta un extranjero en Japón es el de la comunicación, obviamente desde un punto de vista lingüístico. Sin embargo, independientemente del nivel de japonés que uno posea o del conocimiento de inglés/español por parte del interlocutor nipón, comunicarse en Japón no es fácil.

Sobre este tema hay que distinguir entre residente y no-residente. El visitante en Japón es tratado con una atención y amabilidad extremas. Japón tiene una cultura de servicio al cliente exquisita, es… el paraíso del turista. Además, las necesidades comunicativas del visitante acostumbran a limitarse al ámbito turístico o al empresarial (donde el uso de intérpretes cualificados está muy presente). Pero es el residente el que afronta un reto mayor a la hora de interactuar con la población local.

La necesidad de establecer relaciones personales que superen la mera cortesía formal es importante en un país donde a veces es fácil sentirse perdido dentro de un sistema extraño, con unos valores y un funcionamiento muy alejados del propio. El reto al que me refiero es el de romper la barrera del tatemae, lit: “fachada”.

En Japón las relaciones personales se estructuran alrededor de dos conceptos pilares:  soto, “fuera” y  uchi, “dentro”, o lo que es lo mismo: la persona pública y su esfera privada.  Aunque sí es cierto que este fenómeno es universal en todas las culturas, la peculiaridad del caso nipón es el grado extremo de dualidad expresiva que presentan los individuos.

Un “japonés  tipo” intenta eludir el conflicto en cualquier conversación, mostrando una predisposición amable a la vez que distante. Pero cuando se quiere profundizar en el diálogo personal, cuando se quieren conocer pensamientos y sensaciones del interlocutor local, es cuando aparece esta barrera del tatemae. Por lo general, las conversaciones son ambiguas, se evitan preguntas directas y rara vez se recibe una respuesta clara o definitiva.

En algunos casos es para evitar posibles enfrentamientos o herir sensibilidades, en otros porque se interpreta que la respuesta es de ámbito privado y entiende que no atañe a la persona con la que dialoga. Intentar romper esta barrera cultural y llegar a compartir opiniones relevantes o sentimientos es un reto que requiere paciencia, tiempo y un juego psicológico al que el extranjero en muchos casos no quiere o no sabe jugar. El premio: adentrarse en el universo íntimo de la sociedad nipona.

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