Rafael Caro Repetto Publicado el . Última actualización el

Rafael Caro: “Riqueza e ignorancia”

Rafael Caro Repetto, estudiante español de chino en la Universidad de Beijing

Yo, que soy un ignorante sobre China, he venido a este país a enriquecerme. Efectivamente, totalmente ajeno a las macrocifras que han llevado a este gigante al candelero económico-periodístico internacional, en el “Parque de la Cuchara”, reconstruido en flamante residencia para extranjeros en el campus de la Universidad de Beijing, me levanto cada mañana con el cedazo, que la Fundación ICO me ha concedido en forma de beca, para buscar el huidizo e inasible oro chino.

Camino a clase, entre jardines que una vez fueron imperiales, y entre los herederos de la institución más avanzada, reformista, revolucionaria del humanismo chino, voy con la profunda ilusión de conquistar un nuevo granito más para mi tesoro, y recibir un nuevo mordisco en el aún más profundo pozo de mi ignorancia.

– “¡Ja, ja, ja! ¿Qué quieres aprender a tocar el erhu? ¡¿Y eso para qué sirve?!” Así reaccionó un amigo chino en Barcelona, donde me licencié en Estudios de Asia Oriental, cuando le dije que quería ir a su país a estudiar, además de su idioma, su música. Quizás sea mejor decir   la que durante milenios había sido la música de los suyos. Y es que desde el primer día que en la Universidad de Granada, donde cursaba mis estudios de musicología, movido entonces más por la curiosidad que por el interés, entré una vez en un aula donde se enseñaba chino, la cultura de esta zona de la humanidad ha ido muy pausada, casi subrepticia, pero incesantemente enriqueciéndome y aumentando mi ignorancia al mismo tiempo. Desde aquel día he ido explorando un vastísimo océano de belleza, refulgente bajo un milenario sol de sabiduría y con tornasoles de cincuenta y cinco etnias particulares.

Hoy, cuando el paisaje de jóvenes ancianos atletas en el parque matutino, de agrios y picantes aromas de pinchos callejeros, de altos rascacielos y recoletos callejones, de vigilantes adolescentes, de soles rojos, de golondrinas cometas, de rasgos amables y gestos groseros, de estudiantes de élite y recogedores de botellas de plástico se me ha hecho familiar; hoy, que empiezo a tejer la red para cazar la enorme carpa que China engordaba de cultura y tradición desde que Fu Xi y Nü Wa la crearan, descubro como este pez se escurre hacia las quietas aguas del olvido entre los dedos distraídos de unos jóvenes que tienen puesta su mirada cultural mucho más al oeste de donde llegaran Xuanzang y Sun Wukong.

Y cuando la noche echa el telón a las clases de cualquier día, cabalgando mi cansada bicicleta entre residencias y comedores de vuelta a mi habitación, rescatando de mi tesoro aquel poema de Li Bai, miro a la luna y pienso en mi Chipiona natal, y todo se muestra más nítido a la luz de la riqueza recién conquistada y al contraste con la nueva ignorancia recién sumada. Y en el “Parque de la Cuchara” me voy quedando dormido a la sombra de mi ignorancia sobre China mientras voy contando la riqueza acumulada.

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