Laia Prat Publicado el . Última actualización el

Laia Prat: “China es un país que hay que vivir”

Laia Prat, administrativa en el Consulado General de España en Beijing

Dicen que uno se enamora de la primera ciudad china en la que pone los pies. Lo mío fue casi un amor a primera vista, pero luego me dejé seducir lentamente por este país a medida que iba descubriendo sus rincones, conociendo a su gente y saboreando su ritmo.

Mi historia de amor con el chino empezó con mi ansia por aprender un idioma “raro” durante el bachillerato, lo que, sin querer, marcaría mi futuro. Tras cuatro años en la universidad, un curso en Shanghai y varios meses en Barcelona, volví a China hace dos años sin fecha de retorno. Y, últimamente, me asalta un sentimiento nuevo: cuando vuelvo a España echo de menos Beijing, una ciudad que acoge al extranjero con los brazos abiertos y que, como dice el tópico, no deja de sorprender.

Beijing es una ciudad con una oferta de espectáculos, restaurantes, arte, tiendas y lugares turísticos sin igual en China, y el extranjero experimenta un sentimiento de libertad totalmente contrapuesto a lo que se esperaría de la capital de China. Beijing tiene un ritmo particular, te hace sentir en continua evolución y a mí me ha hecho cambiar en muchos sentidos. Valoro cosas de Occidente que antes daba por supuestas, y también he adoptado como mías algunas de las costumbres chinas, como ir en bicicleta a todos lados, cenar pronto, beber té caliente o los masajes, la acupuntura y la medicina tradicional.

A causa de este sentimiento de excitación permanente, a menudo los expatriados, perdidos en esta ciudad que ofrece lujos y una calidad de vida quizás incluso mejor que España, cierran los ojos a lo que no gusta de este país: las diferencias sociales, el control en los medios de comunicación, los tabúes, los prejuicios… La cara menos amable de esta ciudad que iluminó el mundo con los Juegos Olímpicos y que sigue enfrentándose a grandes desafíos. Uno se da cuenta de la grandiosidad de este país con las pequeñas cosas, como un tren con 1.600 pasajeros o una ciudad con más taxis que toda Francia.

China es un país que hay que vivir, el chino un idioma apasionante y Beijing una caja de sorpresas, lo que me hace pensar que a mi romance particular con el Reino del Medio todavía le quedan muchos capítulos…

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