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Gregorio Laso: “Entre palillos, jiaozi, bicicletas y bocinazos”

Gregorio Laso, consejero de información de la Embajada Española en China

Beijing 2003 SARS- Beijing 2008 JJ OO es el periodo tan significativo que ha marcado mi estancia en China. En este plazo de tiempo China se ha enfrentado a retos muy dispares. Deng Xiaoping se preguntaba al inicio de su mandato ante sus correligionarios del Partido ¿Cuál es nuestra máxima? Nuestra máxima es la modernización de China.
El desconocimiento de la evolución de la denominada neumonía atípica en 2003 y sus consecuencias envolvían mis pensamientos y temores en una ciudad que había conocido al final de los años 90 en un ya claro proceso de renovación.

Entre palillos, jiaozi, bicicletas, bocinazos, copias de las últimas películas del mercado, caracteres incomprensibles, tormentas de arena y burocracias impenetrables fui armando una estructura de trabajo para comunicarnos mejor con los medios chinos entre paseos por un Sanlitun más tranquilo y acogedor que el actual. Con este panorama me disponía abrir la primera Oficina de Prensa en la Embajada de España de acuerdo con lo dispuesto en el Plan Asia. Con la ayuda de personas tan entusiastas como el embajador entonces de España, Eugenio Bregolat, todo resultaba menos penoso. España merecía una mejor presencia en China y a ello nos afanábamos.

Aquél pequeño frenazo que me recibió en el 2003 se superó y China volvió a engranar la marcha directa. Beijing había ganado en el 2001 la candidatura la organización de los JJOO y bajo el lema “Nuevo Beijing, Grandes Juegos” todos se ponían manos a la obra para la marcha triunfal. Y en estos años he visto transformarse a este país a una velocidad vertiginosa. Ahora hay menos bicicletas y más de 1500 coches nuevos inundan cada día atascadas avenidas por lo que ahora hay que sortear aquellas y a estos inseguros vehículos.

Se cumplen 30 años del Gran Salto Adelante y Beijing 2008 es una muestra de los logros alcanzados. China recupera su orgullo y un nuevo nacionalismo se apodera de las conciencias más jóvenes satisfechas de los logros económicos y del nuevo poder chino. Aquel Beijing a caballo entre las casas tradicionales y el maoísmo constructivista y uniforme ha dejado paso a las grandes edificaciones que no te dejan indiferente a su paso. La tranquilidad ha dejado paso a la frenética modernidad.

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