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Influencia del cine chino en España (2000-2010)

Las cifras no son nada alentadoras: menos de 40 películas producidas en China estrenadas en España en el periodo que va de 2000 al 2010. Eso nos lleva a una media de poco más de tres películas en cartel por año. Si tenemos en cuenta que estamos hablando de una potencia cinematográfica que en muy pocos años ha conseguido situarse en lo más avanzado del cine mundial, convertido en el tercer país con la mayor producción cinematográfica del mundo (más de 200 largometrajes anuales), con conceptos y estilos de producción y dirección completamente diferentes, y con una gran calidad de sus películas, variedad temàtica y estilística cada vez más internacionales, es que hay algo que no se acaba de hacer todo lo bien que se debería. En este artículo voy a tratar en primer lugar de elaborar una visión general de lo que ha significado el cine chino en España en lo que llevamos de siglo XXI, para después mostrar, desde mi modesta opinión, algunos itinerarios por los que deberían circular ámbas industrias cinematográficas para llegar a conseguir unos resultados menos paupérrimos que los reflejados anteriormente:

Para muchos occidentales, y entre ellos los españoles, China es, por desgracia, un país desconocido e incomprensible en muchos aspectos. Occidente tiene una imagen algo desvirtuada del actual cine oriental, que suele conocer de manera desordenada e incoherente. Su historia, cultura y arte, y por consiguiente su cine, tienen pocos puntos en común con los del mundo occidental y resultan más difíciles de entender si se miran desde una perspectiva eurocéntrica. En los últimos años se ha acostumbrado a la idea de un cine más puro, honesto y artístico que el occidental, que se entiende más sometido a prestaciones mercantiles.

Tan sólo las películas de artes marciales de Bruce Lee y de unos jovencísmos Jackie Chan y Jet Li lograron traspasar las fronteras occidentales y todo el público de poniente pudo disfrutar de las coreografías imposibles de estos auténticos maestros pioneros. A partir de los años 80 y 90, gracias a las obras de Zhang Yimou y Chen Kaige, representantes más afamados de la conocida como “quinta generación de cineastas chinos”, y a los galardones obtenidos por éstos en importantes Certámenes de cine internacional como Berlín o Cannes (sobretodo con películas como Tierra amarilla, título referente de esta quinta generación, y Adios a mi concubina, ámbas de Kaige, y Vivir y La joya de Shanghai, de Yimou), el público español pudo comenzar a acercarse a un tipo de cine que le era bastante extraño. ¿Y qué ocurrió a partir de entonces?. Pues que ambas tendencias, tanto la más comercial de acción y aventuras (y que podríamos comparar con la monumentalidad propia de los preceptos budistas) como la más autoral e intimista (que responde a la mentalidad religioso-filosófica del taoísmo y el confucionismo) han visto como muy a cuentagotas algunos títulos se han ido colando en nuestras americanizadas taquillas.

Películas chinas, Cine chinoEn 2000, para empezar, solamente llegó a estrenarse una película china en España, Camino a casa, de Zhang Yimou,  con lo que títulos como Gen-X Cops, Legendary Heroes, A man called hero, Running out of time o Undercover girls se quedaron en el tintero. Otros tres títulos dirigidos por directores chinos pero con producción americana sí que se llegaron a estrenar: Destino Final, de James Wong; Misión imposible 2, de John Woo; y Otoño en Nueva York, de Joan Chen. 2001, por su parte, supuso el año clave para la resurrección del cine de artes marciales en España. El estreno de Tigre y dragón fue un auténtico éxito de taquilla, consiguiendo una amplia difusión gracias a su atinada mezcla de acción y fantasía épica unida a los códigos del “wuxia pian” con espectaculares escenarios y depurados efectos especiales para cuya realización se invirtieron grandes cantidades de dinero. La combinación de acontecimientos históricos y contenido ficticio facilita el entendimiento por parte del público foráneo, que ya no necesita tener un conocimiento previo de las distintas dinastías chinas, lo que contribuye sin duda a aumentar su competitividad en el mercado internacional.

Además la presencia de auténticas estrellas de Hong Kong y la parte continental de China con reconocimiento mundial, como Chow Yun-fat o Zhang Zi Yi también ayudan a su distribución. El cine de artes marciales unido a elementos fantásticos quedó definitivamente relanzado. A rebufo de su fama, nos llegó unos meses después  otro trabajo del director taiwanés, Cabalga con el diablo, con actores y presupuesto norteamericano.

Sin duda este fue uno de los mejores años en cuanto a estrenos de cine chino en España, ya que también vieron la luz Deseando amar, de Wong Kar Wai, avalada por los premios conseguidos al mejor actor (Tony Leung) y mejor fotografía (Christopher Doyle) en el Festival de Cannes de 2000, y la menos triunfante La bicicleta de Pekín, de Wang Xiaoshuai. 2002 es un año particularmente pésimo en cuanto a la posibilidad de poder ver cine chino en circuitos comerciales, aunque la producción de cine chino del año anterior tampoco había sido muy provechosa. Tan sólo se estrenan dos films de cineastas hongkoneses y ambas bajo bandera estadounidense: El único, dirigida por James Wong (quien nació en Hong Kong pero filmó el grueso de su carrera en EEUU, ya que marchó de la isla con tan solo diez años), y Windtalkers, en la que sería su penúltima producción en su aventura yanqui (la última sería Paycheck, un año después).

Lo que ilusionaba el año 2003, lo hundió el 2004

Sin embargo, el 2003 vuelve a ser un año clave para el cine chino en las taquillas españolas. Por un lado en noviembre de la mano de Sony Pictures se estrena Hero, película que acaba por consagrar a Zhang Yimou. Film plagado de ensoñaciones paisajísticas y encuadres fotográficos coloristas caló hondo en la retina del gran público hispano, quienes asistimos alucinados a una mágica combinación de épica, artes marciales e historia de amor de las de toda la vida y una combinación de minimalismo (la dirección de una lágrima en el rostro) y espectacularidad (el vuelo de miles de flechas en el cielo) que llegaba a lograr efectos de una explosividad única en una pantalla cinematográfica.

Todavía una década después de su estreno se trata de un film de una vigencia total y absoluta, donde  una auténtica obra maestra imperecedera.  Unos meses antes había llegado a las carteleras The Eye, de los hermanos Pang, título clave para todos los amantes del terror y del fantástico oriental que también marcó un camino a seguir por multitud de realizadores quienes copiaron, con mayor o menor fortuna, una fórmula eficaz que venía marcada por las últimas producciones de terror japonés (tras el boom del llamado J-Horror, con The Ring de Hideo Nakata a la cabeza). The eye fue un éxito rotundo en todos los países que se proyectó, e incluso provocó el consabido remake en Hollywood.

Y no sólo quedó ahí la cosa: también en esta espléndida temporada se llegaron a estrenar (con cuatro años de retraso) la olvidada Amores rojos, de Daying Ye (de quien se había podido ver anteriormente Pólvora roja, pólvora verde y Zu Warriors, la leyenda, de Tsui Hark, conocido en nuestro país por haber dirigido algunos films de Jean Claude Van Damme, como Double Team o En el ojo del huracán. Como parece que tras un año pródigo viene otro mucho más estéril; el 2004 volvió a ser un año poco productivo en lo que a estrenos de cine chino en España se refiere. Se contabilizan tan sólo dos estrenos: en el mes de septiembre El tren de Zhou Yu, de Sun Zhou, y en el mes de noviembre la coproducción entre China, Hong Kong, Francia, Italia y Alemania 2046, de Wong Kar wai, ganadora del Hong Kong Film Award, aunque Wong, coronado con la condición de autor debido a su éxito en Japón, Europa y Estados Unidos, tiene una débil repercusión en el cine comercial. Sin embargo, films tan recomendables como Blind Shaft, de Li Yang, premiado con el Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín, o Guerreros del cielo y la tierra, de Zhao Wei (que si se pudo ver en dvd), quedaron arrinconados y no dispusieron de su oportunidad.

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El Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya fue pionero en apostar por el cine oriental

A partir de 2005, algunas distribuidoras españolas nacidas al amparo de algún festival de género fantástico como el Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya apuestan fuerte por el cine oriental y arriesgan estrenando producciones que de otra forma hubieran tenido muy difícil acceso a las salas hispanas. Se produce una circunstancia digna de reseñar y es que a finales de año coinciden en un mismo fin de semana dos estrenos chinos en cartel: La distribuidora Avalon estrena Election, de Johnnie To, un director de reconocimiento mundial pero todavía inédito en nuestro país, mientras que Manga Films hace lo propio con New Police Story, del talentoso Benny Chan, un film interpretado por Jackie Chan mucho más serio que las comedia de acción y artes marciales que cosecharon un clamoroso éxito en la década de los 90 (Duro de matar, Operación Trueno, El superchef…), siendo films en los que el realismo de las situaciones iniciales se eclipsaba por los efectos especiales y las explosiones.

Las grandes productoras como Sony Pictures y Columbia Tri-Stars también lanzan al mercado dos superproducciones rodadas en China: La casa de las dagas voladoras, de un Zhang Yimou ya entregado de lleno al lujoso espectáculo escapista, un cineasta un tanto apagado como autor pero rabiosamente encendido en cuanto a su imaginario que factura productos que vienen a mostrar la imparable pujanza económica china, y Kung Fu Sion, toda una sorpresa dirigida por Stephen Chow que homenajeaba a aquel cine cómico de artes marciales de los 80 que nos dejó títulos tan emblemáticos como La serpiente a la sombra del águila o El mono borracho en el ojo del tigre.

El único punto negro de este estreno fue el calamitoso doblaje plagado de acentos regionales que destrozó por completo el sentido de la película. Aún así, resultó un éxito bastante considerable de crítica y público. Por último, también llegó a las carteleras el drama Carta de una mujer desconocida, de Xu Jinglei.  A lo largo de 2006 nuestra cartelera aglutina todas las tendencias vigentes en las que se divide la producción actual de cine chino: películas de realizadores que acuden a los cantos de sirena de Hollywood y dirigen films en su mayoría de acción: A todo gas: Tokyo Rice, de Justin Lin; DOA: Dead or alive, de Corey Yuen. Films al servicio de actores contrastados como Jet Li, que estrena Sin miedo (Fearless) o Jackie Chan, quien vuelve a rodar films épicos en el continente chino: El mito, de Stanley Tong; y proyectos más personales e independientes de cineastas que se engloban en la sexta generación, y que proponen un tipo de cine más cercano al cinema verité, casi documental: Springtime in a small town, de Tian Zhuangzhuang.

Este 2006 también es el año de Ang Lee, quien tiene el honor de ser el primero director chino en ganar un Oscar por el drama Brokeback Mountain. Desde luego el público tiene la oportunidad de acercarse más y mejor a una cinematografía casi inaccesible hacía tan solo un lustro. A partir de entonces, el número de estrenos de cine chino en España se ha mantenido; en 2007 tuvimos acceso nada más y nada menos que siete estrenos rodados en la china continental y Hong Kong. Cuatro de ellos de autores alejados de los circuitos más comerciales: Ping pong mongol, de Hao Ning; Sunflower, de Zhang Yang; Naturaleza muerta, de Jia Zhangke y La boda de Tuya, de Wang Quan´an y otros tres más de consagrados directores con obras enfocadas al gran público como fueron  La maldición de la flor dorada, de Zhang Yimou, que venía a cerrar la llamada trilogía de la flor dorada llevada a cabo por el director chino; La promesa, de un Chen Kaige en horas bajas y Deseo, peligro, de Ang lee, un film de pasión y espionaje ambientado enla China ocupada por los japoneses que tuvo graves problemas de censura en el continente debido a sus explícitas escenas sexuales.

Cine chino2008 fue el año de Wayne Wang en España, ya que se estrenaron dos de sus obras más personales: Mil años de oración y La princesa de Nebraska. Las coproducciones entre China y Estados Unidos comienzan a dar sus frutos y ya no son sólo los actores orientales los que van a hacer las américas sino que los mismos actores de Hollywood comienzan a interesarse por proyectos con patrimonio chino, tal es el caso de Los niños de Huang-shi, de Roger Spottiswoode o My Blueberry Nights, de Wong Kar Wai. En cuanto a las aportaciones de índole más autoral en este año debemos de apuntar los estrenos de El último viaje del Juez Feng, de Liu Jie, y Sueños del desierto, de Zhang Lu. En 2009 encontramos el estrepitoso fracaso de la coproduccion entre China, Gran Bretaña y los estados Unidos  Dragonball Evolution,  un intento baldío de llevar a la pantalla en imagen real el conocido manga japonés, que ni la presencia de estrellas como Chow Yun Fat pudo salvar del estropicio; la recuperación de un clásico de los años 90 dirigido por Wong Kar Wai, Ashes of Time Redux; una representante del nuevo cine negro que se cuece en Hong Kong, Mad Detective, de Johnnie To y dos estrenos dirigidos a un público minoritario: El latido de la montaña, de Kenneth Bi, y La ecuación del amor y la muerte, de Cao Baoping.

Por último, y aunque pueda resultar paradójico después de un lustro bastante fructifero en cuanto a estrenos de cine chino en España, en 2010 tan sólo podemos constatar tres producciones que se llegaron a ver en nuestro país: la multipremiada Ciudad de vida y muerte, de Chuan Lu, que ganó entre otros el Festival de cine de San Sebastián y tuvo el honor de inaugurar el Festival de Cannes de 2010; la superproducción épica Acantilado Rojo, de John Woo, y Ella, una joven china, de Guo Xialou.

El cine chino debería crecer con la apertura cultural del país

Deng Xiaoping, líder que emprendió las reformas económicas de liberalización de la economía comunista en China, basó su política de apertura al mundo exterior y de intercambio con los países extranjeros sobre el principio de la igualdad y ventajas mutuas. Si aplicamos estos preceptos al ámbito cultural en general y al cinematográfico en particular, nos hallamos ante una oportunidad única para que el cine que se produce en la China Continental, Hong Kong y Taiwán tenga una presencia mucho más activa en nuestras carteleras. El cine es tanto una forma de expresión individual como nacional, por lo que puede traspasar fronteras y dar a conocer un país, así como lo hacen los medios de comunicación modernos. Y no sólo se trata de contenido, sino también la forma en que se elabora. El público español se enamoró de las linternas rojas, de la sencillez en la acción, de las flores de crisantemo, de sus panorámicas e historias tan diferenciadas del modelo norteamericano, de la intimidad y misterios de sus cuentos…

Estos mismos espectadores estamos más ávidos que nunca de cine chino, y hay que aprovechar ese inusitado interés para que el mercado chino, que ha recuperado la categoría que tuvo como potencia en Asia en el siglo XVIII, utilice ese mismo status de potencia exportadora y fábrica del mundo para introducir sus películas en nuestro país. A nadie se le escapa de que ahora mismo en China se está gestando la que seguramente se conocerá como “séptima generación” del cine chino. Para cunado se produzca su eclosión artística debemos de haber sido capaces de establecer los puentes necesarios suficientes para que España se convierta en un referente directo de exhibición de estos trabajos.

Aunque en estos momentos la tarea pueda resultar dura y un tanto utópica, lo primero que se debe hacer es asentar y cuidar las excelentes propuestas que se están llevando a cabo principalmente en Madrid y Barcelona. Existen un grupo de personas y entidades que llevan algunos años intentando demostrar mediante su trabajo que en la pràctica es posible acercar la desconocida cultura china a la audiencia hispana. Después de los Juegos Olímpicos de Beijing de 2008 y la Exposición Universal de Shanghai de 2010, el interés por la cultura china no ha hecho más que incrementarse en nuestro país.

Si bien es cierto que la crisis económica galopante en la que estamos sumidos actúa en detrimento de cualquier iniciativa temeraria, China vive una etapa de gran creatividad, de vigor, una verdadera eclosión cultural a la que España no puede ser bajo ningún concepto ajena. Está claro que la industria cinematogràfica china y la española en estos momentos no tienen parangón; en China van un poco más deprisa y en muy pocos años han conseguido estar en lo más avanzado que se está haciendo en todo el mundo, con conceptos y estilos de producción y dirección completamente diferentes, cada vez más internacionales. España, aunque estos últimos años no acaba de levantar cabeza cinematográficamente hablando, puede aportar creatividad, buenas ideas y experiencia.

Se trata pues, de realizar un esfuerzo conjunto, de ser flexibles y abiertos para adaptarse y encajar en los moldes culturales ajenos. Sólo así se puede conseguir que en un futuro el número de películas chinas estrenadas en España se multiplique y capten el interés de nuestro público.

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Pero todo esto que he expuesto es pura teoría, así que voy a tratar de proponer algunas ideas que podrían acelerar todo este proceso planteado:

-Los medios de comunicación son un pilar esencial para poder transmitir toda la información indispensable sobre las películas chinas que se están produciendo y que se van a estrenar en nuestro país. Periódicos, telediarios, revistas especializadas, deben concienciarse de que al estreno de una película de nacionalidad china se le debe dar una mayor trascendencia de la que ahora mismo dispone. Algunos de los títulos que hemos citado en nuestro repaso por los estrenos de films chinos en España pasaron sin pena ni gloria por nuestra cartelera, y una de las causas fundamentales fue el escaso eco que los medios se hicieron de ellas. Los estrenos americanos copan el 80 por ciento de la información de cine de cada mes, por lo que un mayor equilibrio en estas comunicaciones es indispensable.

-Mención aparte merecen la importancia de las nuevas tecnologías en todo este proceso de expansión. Se debe apoyar de manera primordial mediante  ayudas o patrocinio aquellas páginas de Internet que publican todo lo relacionado con el cine chino. Existen multitud de webs voluntarias que dedican un esfuerzo enorme para que llegue puntualmente toda la información sobre las películas chinas. Hace tan sólo unos meses desapareció del mercado por falta de apoyos la revista CineAsia, una pieza fundamental en el engranaje del conocimiento del cine oriental en España. Algunos de sus creadores se han volcado en la red para seguir manteniendo su alto nivel informativo en www.cineasia.net/.

Este tipo de iniciativas deben de ser incentivadas de alguna manera, ayudando a su crecimiento y expansión ya que son el viaducto perfecto por su conocimiento y profesionalidad para que el interés por las distintas cinematografías asiáticas se propague por todo el país.

Las cuotas de pantalla deben de desaparecer o en su defecto deben incluir al cine que se produce en Oriente. Las películas españolas y europeas ya reciben sus subvenciones pertinentes y la exigencia de cumplir estas cuotas se traduce en pérdidas constantes para las empresas de exhibición. El mercado debe abrirse a nuevas iniciativas privadas y a la libre competencia. Sólo así se conseguiría que una cantidad más elevada de títulos chinos pudieran asomar la cabeza en nuestras pantallas. En lo que llevamos de 2011, se han rodado en China más de 25 películas, a las que hay que sumar las 114 que se filmaron en 2010. En España a día de hoy tienen fecha de estreno sólamente tres de estos trabajos: Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos, de Zhang Yimou; Confucio, de Hu Mei; y Kung Fu Panda 2, de Jennifer Yuh. Queda patente que algo no funciona como es debido.

-Así mismo, se debe estimular la coproducción de películas entre España y China. Ambos países deben aliarse para crear lo que se conoce como “joint ventures”, empresas conjuntas de inversión a largo plazo. En este aspecto, vale la pena reseñar que en una película como Little Big Panda, film de animación que fue un exito sonado en la taquilla china las pasadas Navidades, parte del equipo técnico que participó en su producción fue español, concretamente la elaboración de más de 600 fondos por parte de la empresa Albert Lledó Art. Otras propuestas más independientes también se han atrevido con la coproducción, como es el caso del film Desire Street, dirigido por Roberto F. Canuto y Xiaoxi Xu.

-En España (más concretamente en Madrid y Barcelona), existen excelentes propuestas para disfrutar de cine asiático todo el año. Si bien debido a la crisis económica el año pasado desapareció el Festival más emblemático de cine asiático que se celebraba en todo el territorio nacional, el BAFF (Festival de cinema asiàtic de Barcelona) este año han aparecido dos nuevos Festivales, El Festival de Cinema d´Autor y el CasaAsia Film Week que unidos al Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, referente en cuanto a la difusión de cine asiático en Cataluña y España, suponen un escaparate ideal para atraer la atención de los distribuidores nacionales para que conozcan la realidad del cine chino.

Hay que añadir otras ofertas exitosas como la Semana de Cine de Hong Kong o la ininterrumpida sucesión de ciclos que se llevan a cabo en el Centro Casa Asia de Madrid y en la Casa Asia de Barcelona. El problema fundamental radica en que son certámenes que se llevan a cabo con un gran esfuerzo humano y que salen adelante con no pocos obstáculos y medios muy ajustados. Se debería allanar el terreno para que todos estos eventos contaran con la inversión y colaboración de todos los agentes implicados e interesados en que el cine chino sea un negocio productivo en España.

Por otro lado, también habría que intentar que este gran trabajo pudiera verse en más ciudades españolas, ya que las estructuras autonómicas dificultan de alguna manera crear una red más global y menos local. Por ejemplo sería ideal crear una muestra de cine chino itinerante de carácter anual que llegara a todos los lugares posibles, y que se proyectaran en filmotecas y centros culturales.

-Así como el Instituto Cervantes se ha convertido en el principal valedor de la cultura española en China, sería muy importante que los Institutos Confucio de Madrid y Barcelona tuvieran un papel más activo en la visibilidad del cine chino en España.

 

Francisco Nieto

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