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Echoes of the rainbow (Hong Kong)

Echoes of the rainbow

 

Título: Echoes of the rainbow

Año: 2010

País: Hong Kong.

Director: Álex Law.

Duración:117 m.

Género: Drama.

Protagonistas: Simon Yam, Sandra Ng, Aarif Lee,Paul Chun,Buzz Chung.

                                                               Más información:

                                                                http://www.imdb.com/title/tt1602572/

 


Francisco Nieto

Sinopsis: Localizada en Hong Kong a finales de los años sesenta, trata sobre una familia de clase obrera y su  dificultad para sobrevivir en el día a día, dados los abusivos impuestos que deben pagar a sus jefes. El señor Law es el padre de la familia y se gana la vida fabricando, cosiendo y remendando zapatos en un humilde local. La señora Law le ayuda en las tareas de venta mientras cuida de sus dos hijos, de dieciséis y ocho años respectivamente.  El hijo mayor es un estudiante sobresaliente que sale con una compañera de escuela de distinta clase social, mientras que el pequeño se pasa el día fantaseando con que de mayor quiere ser astronauta, por lo que se pasea con una pecera en la cabeza.

Crítica: Echoes of the Rainbow (Ecos del Arco iris) resulta atrayente desde su soberbio título hasta el último crédito artístico que aparece en pantalla. Para aquel que todavía no haya tenido la oportunidad de disfrutar de la delicadeza y ternura que desprende cada fotograma de este clásico instantáneo existe la posibilidad de recuperarlo durante la VII Semana de Cine de Hong Kong, en Madrid del 7 al 21 de marzo y en Barcelona del 21 al 28 del mismo mes. Y es que se antoja tarea complicada referirnos a unas imágenes tan potentes que, días después de su visionado, todavía permanecen en la memoria del espectador. La cuidada ambientación del barrio donde sucede la mayor parte de la acción y el celo con el que se atiende cada frase del guión son dos de los muchos puntos a favor de una historia, que, a medida que avanza se endurece, pasándose de una sonrisa a una media sonrisa, para concluir con una sonrisa helada.

Y es que la mezcla de géneros en esta ocasión está manejada de forma portentosa. La trama nos sitúa en una comunidad hongkonesa donde impera la pobreza, aunque ello no es óbice para que los sufridos padres se maten a trabajar en jornadas maratonianas para que sus hijos puedan disponer de la mejor educación que ellos no disfrutaron. Se trata de un barrio agradable y acogedor, donde todos se ayudan e incluso se intercambian platos cocinados por unos y otros a la hora de reunirse a cenar al aire libre. Sus alegrías y miserias compartidas nutren el día a día de unas familias que han depositado su porvenir en la esperanza de que sus hijos puedan llegar a obtener un futuro más digna.

Esa es la idea de la familia Law, cuyo primogénito demuestra día tras día ser el mejor en todas las disciplinas en las que compite, tanto si se trata de ganar una carrera de vallas como si saca la mejor nota en un examen de historia. Los éxitos de Desmond (al que da vida la estrella del pop hongkonés Aarif Lee) son el espejo en el que se mira su hermano menor, un pizpireto y simpatiquísimo niño que te comerías a besos pero cuyo rendimiento en clase dista de ser todo lo triunfal que debiera (impagables las escenas en las que la conocida directora china Ann Hui, que aquí nos regala un divertido cameo como profesora, castiga a Big Ears de cara a la pizarra con la nariz puesta en un círculo mientras éste va contando los minutos de sanción).

 

Cine Hong Kong

La primera hora de metraje se nos va como un suspiro entre lágrimas y sonrisas, producidas por situaciones cotidianas que en nada presagian una segunda parte tremebunda, un segundo acto salpicado de situaciones de un dramatismo exacerbado que llenarán la pantalla y la platea de un mar de lágrimas. No vamos a desvelar el sinfín de infortunios que les toca sufrir a la familia protagonista, pero es que parece que les haya mirado un tuerto o que les hayan echado la malaventura. Aunque en ocasiones se utilice el recurso del sentimentalismo para buscar la empatía con el espectador, lo cierto es que las buenas actuaciones de todo el reparto dotan de una credibilidad encomiable el conjunto, destacando sobremanera a Simon Yam, que borda el rol de patriarca coraje atormentado de la familia (el actor ganó un montón de Premios gracias al que es, sin duda, uno de los mejores papeles de su carrera), secundado por una competente e indomable Sandra Ng (quien luce un peinado más andrógeno que su apellido) y sobretodo por el personaje del hijo más pequeño, auténtico robaescenas que logra enternecer al corazón más férreo con una actuación impropia de su corta edad.

Es una pena que Alex Law no se prodigue más en las tareas de dirección (tan sólo ha realizado tres películas en doce años: Painted Faces, 1988; Now You See Love, Now You Don´t, 1992 y esta Echoes of the Rainbow), porque demuestra poseer un instinto muy por encima de otros cineastas de su generación a la hora de colocar la cámara, obteniendo siempre el encuadre más correcto para el desarrollo de la acción (toda la secuencia en la que el tifón arrasa el barrio completamente está rodada de manera ejemplar). En definitiva, un ejercicio nostálgico sincero y humilde que consigue sin grandes alardes sus objetivos marcados, conmover desde la exaltación de los lazos familiares, sin dejar por ello de tocar otros temas más punzantes de manera más soslayada como son la diferencia de clases, la ingrata convivencia con los colonos británicos, e incluso la destención médica por falta de recursos, algo que, por desgracia, no nos queda tan lejos últimamente.

Lo mejor: El personaje de Big Ears y sus demoledores recursos dramáticos.
Lo peor: Cuando el elemento dramático se impone, se echa en falta algún respiro.

Más sobre el autor  en www.cinedeaqui.es

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