Acantilado rojo, de John Woo Publicado el . Última actualización el

Críticas de cine chino

El cine chino no deja de darnos títulos extravagantes y diferentes. Echen un vistazo a Sex and Zen o la original Wu Xia.

 Sex and Zen 3D: Extreme Ecstassy (Hong Kong, 2011)

 

Sex and Zen 3D

Año: 2011

País: Hong Kong.

Director: Cristopher Sun Lap Key.

Duración:129 m.

Género: Comedia Erótica.

Protagonistas: Hiro Hayama, Saori Hara,
Leni Lan, Kirt Kishita.

Sinopsis:

Wei Yangsheng, un erudito perteneciente a la Dinastía Ming, piensa que la vida es muy corta y que lo único importante es perseguir el placer sexual máximo mientras el tiempo lo permita. En estas conoce a Tie Fei, la bella hija de un monje taoista, con la que se casa al caer rendidamente enamorado. Las dificultades comenzarán cuando los encuentros amorosos entre marido y mujer sean un auténtico descalabro y ambos conyugues deban buscar otro “tipo” de satisfacciones acudiendo a personajes mucho más versados en las artes amatorias. Pero no todo será paz y armonía en un Reino donde los favores (sexuales) se pagan a un precio demasiado elevado.

 

Crítica:

Sex and Zen fue una comedia erótica rodada en Hong Kong en 1991 dirigida por Michael Mak y protagonizada por Lawrence Ng y Amy Yip. Basada de manera más o menos fidedigna en un relato erótico del siglo XVII escrito por Li Yu, este film significó el inicio de una fructífera saga que se concretó en dos secuelas posteriores, hasta llegar veinte años después a esta Sex and Zen 3D: extreme eccstassy que ahora nos ocupa. Vaya por delante el revuelo que esta película causó en la fecha de su estreno en toda la China Continental, dado que se publicitó como la primera película pornográfica rodada en tres dimensiones en todo el mundo. Hordas de ávidos espectadores deseosos de poder disfrutar de lo nunca visto antes en pantalla se desplazaron a Hong Kong como en su día nuestros padres y abuelos cruzaban la frontera con Francia para deleitarse con las películas que el régimen prohibía. En cuanto a la propuesta fílmica se refiere hemos de decir que Sex and Zen 3D da lo que promete pero siempre sin lanzar las campanas al vuelo, ya que va muy justita de guión y los actores destacan más por sus virtudes contorsionistas que por sus dotes actorales. Seguramente para las mentes orientales más retrógradas lo que este film nos enseña puede resultar escandaloso y provocador, pero cuando un espectador occidental se enfrenta al film no puede más que esbozar una sonrisa cómplice ante lo que no deja de ser un mero divertimento sazonado con unas cuantas escenas picaronas dignas del mejor Álvaro Vitalli o los ínclitos Esteso y Pajares.

Es cierto que el despelote es continuo y en 3D todo parece cundir más, pero también lo es que la censura ha hecho estragos en las escenas más subidas de tono y no incomodarían ni al mismísimo Arcipreste de Hita (de todas maneras por la red ya circulan las versiones en alta definición sin censurar y director´s cut con multitud de añadiduras). Algunas secuencias son pura antología del surrealismo visual: aquella en la que dos de los protagonistas practican una especie de coito aéreo agarrados a una correa de hierro o aquella otra en la que se practica a pelo un cercenamiento viril para sustituir el miembro por otro, en principio de caballo, y finalmente de mono (sic), sin resistirnos a desvelar que incluso se puede llegar a levantar una rueda de carro metiendo el pene por su eje (para que tomen nota los programas del tipo “El hombre más fuerte del mundo”).

El metraje es excesivo, lo que repercute de manera acusada en el ritmo de lo narrado; y como suele ocurrir en casi todas las películas de esta guisa sobran casi todos los trozos dialogados. El director se permite el lujo de ir soslayando pequeños homenajes a diversos géneros típicos de la cinematografía china: desde los wuxia, pasando por la comedia más alocada y las películas de artes marciales, e incluso se permite ciertos filirteos con el cine de terror, todo ello desde una perspectiva marcadamente machista donde las mujeres son meros objetos sexuales cuyo único objetivo en su vida es dar gozo y deleite al macho cabrío.

En definitiva, un film acartonado con cierto olor a naftalina que no se puede desdeñar en su totalidad dados los medios digitales (se nota hasta el último yen gastado) y humanos (los actores deberían cobrar un plus por su desenfreno físico) empleados.

Lo mejor: Algunas escenas de sexo son originales y están muy bien rodadas.

Lo peor:  El guión desbarata cualquier acercamiento mínimamente serio al asunto.

Wu Xia (Hong Kong-China, 2011)

Año: 2011

Wu Xia

País: Hong Kong, China.

Director: Peter Chan.

Duración:115 m.

Género: Artes marciales.

Protagonistas: Donnie Yen, Takeshi Kaneshiro, Wei Tang, Wang Yu,

Kara Hui.

Sinopsis: Durante la Dinastía Qing (1917), en la cúspide de la transición de China de la monarquía a una república, Liu (Donnie Yen), es un fabricante de papel que vive de forma apacible con su esposa Ayu (Tang Wei) y sus dos hijos. A su remota aldea llega el detective Xu (Takeshi Kaneshiro), quien está investigando la muerte de dos bandidos durante un robo. Su tenaz investigación le llevará a concluir que Liu esconde más de un horrible secreto que acabará por amenazar a la aldea y a su familia.

Crítica: No es esta una película al uso que vayan a disfrutar los aficionados más acérrimos a las piruetas de Donnie Yen. Aquí las escenas de acción, que con todo y con eso las hay y muy buenas (con un dinamismo excelente en los combates y muy bien coreografiadas por el propio Donnie Yen), quedan minimizadas por la potente historia y el estilo visual empleado por Peter Chan, un auténtico maestro a la hora de trasladar a la gran pantalla el espíritu y el alma de los wuxia clásicos, como ya demostró hace unos años en la magnífica The Warlords: los señores de la guerra. Moviéndose de nuevo con un elenco actoral que quita el hipo: Donnie Yen (siete películas en tres años y no te cansas de verlo), Takeshi Kaneshiro (actor fetiche del director) y la guapísima Tang Wei (inolvidable desde aquella maravillosa interpretación en  Deseo, peligro, de Ang Lee), Chan logra fusionar de manera meritoria los elementos que atraen al público internacional con algunas de las sensibilidades autóctonas de las artes marciales. El film gana en originalidad cuando se nos presentan algunas escenas en planos generales y al cabo de un tiempo se vuelven a mostrar esas mismas secuencias desde primeros planos y planos medios.

Es lo que ocurre, por ejemplo, en el enfrentamiento que tiene lugar entre Liu y los dos ladrones que se dedican a agredir impunemente al tendero del pueblo. Cuando el detective Xu pida a Liu que vuelva a relatar de manera pormenorizada como ocurrió la refriega, se nos volverán a mostrar las mismas imágenes, pero con una diferencia sustancial que enriquece y de que manera el conjunto (no desvelaremos nada, aunque diremos que es un fragmento digno del mejor de los episodios de cualquier CSI). Liu es el centro de todo lo que acontece; su escondite perfecto se verá dinamitado cuando los viejos fantasmas familiares en forma de setenta y dos demonios aparezcan para reclamar lo que es suyo. Aunque la trama del hombre con un pasado teñido de violencia que busca la paz y el sosiego cobijándose en una nueva identidad se haya tratado una y mil veces en el cine (citaríamos dos ejemplos, uno de cine clásico: Llega un pistolero, con Glenn Ford; y otro de cine moderno: Una historia de violencia, de David Cronemberg), la importancia de los personajes en el peso de la trama tanto Yen como Kaneshiro están espléndidos en sus respectivos roles), sus motivaciones, y el dramón familiar que se nos explica, hacen de esta una propuesta realmente recomendable. La intriga está muy bien llevada, y las soluciones a los diversos enigmas se nos irán administrando a cuentagotas, aunque quizás algunos momentos están explicados de manera un tanto torpe.

A destacar también la hermosa escenografía, cuidada hasta el último de los detalles, y que recuerda por su rusticidad a films clásicos como Tierra amarilla, de Chen Kaige; y la cuidada banda sonora de Peter Kam, quien ya trabajara a las órdenes de Peter Chan en la ya citada con anterioridad Warlords. Se agradece también que en las escenas físicas no se haya abusado ni de las cuerdas ni de los efectos digitales, lo que dota al conjunto de un dinamismo y un realismo bastante conseguido, lejos de esas propuestas tan fantásticas como poco creíbles que provocan el rechazo de quien las mira. En definitiva, un curioso acercamiento a un género que parece revitalizarse por momentos (Reign of Assassins sería otro título a tener muy en cuenta) uniendo espectáculo con momentos de gran belleza espiritual. Tiene alma, tiene mensaje y es una delicia.

Lo mejor: Su apuesta por redefinir el género al que da nombre el film.
Lo peor: Su resolución puede decepcionar por no seguir las pautas establecidas en este tipo de films.

 

Más información sobre el autor Francisco Nieto www.cinedeaqui.es

 

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